El buta es un elemento importante no solo de nuestras bellas artes, sino también de nuestro folclore y nuestra literatura oral. En su libro «Leyendas de Najicheván», la investigadora Mahsati Ismayil ofrece reflexiones interesantes sobre el lugar del buta en nuestro folclore:
En el folclore, el buta es portador de la cosmovisión cosmogónica de nuestros antiguos antepasados. En la mente de los hombres antiguos, el agua, las plantas, las montañas y otros seres eran sagrados y se consideraban la fuente primera de la vida. En este sentido, el buta es símbolo de la continuidad del linaje y del crecimiento. En los dastanes azerbaiyanos, el buta actúa como un vínculo imaginario entre el enamorado y la amada. En los dastanes de amor, como señal de un amor inaudito, sublime y divino, concede además al héroe enamorado elegido el don del arte del ashug (bardo popular) y el talento poético. En nuestros dastanes y cuentos, el «don del buta» comienza cuando un sabio anciano, Jidr, da a beber al enamorado una pócima de amor. Dos jóvenes que nunca se han visto beben, cada uno por su lado, en sueños o en una visión, la pócima que se les ofrece: la muchacha vislumbra al joven y el joven a la muchacha por un solo instante, y ambos caen en un amor extraordinario. En conjunto, el estudio del folclore muestra que el buta no se da a cualquiera. El don del buta pertenece solo a los elegidos. Gracias al buta, los elegidos adquieren también varias cualidades singulares que no posee nadie más. Las largas y duras pruebas del enamorado terminan finalmente en la unión divina de los amantes. El buta es el medio por el que las leyes del mundo se cumplen de una forma distinta y más elevada. En los dastanes de amor, cuando figuras míticas (un derviche, un sabio anciano, un pir y otras) muestran por un instante la muchacha al joven, o a veces le dan a beber la pócima de amor, se dice: «recibió el buta» o «se le dio el buta».
En muchos textos del folclore azerbaiyano hay también tramas relacionadas con los sueños en las que el buta no se nombra. Seguir un sueño, ver en sueños a la amada, ver en sueños el propio futuro y sucesos semejantes deben interpretarse, a nuestro juicio, en paralelo con el «don del buta». El buta que se da al enamorado en los dastanes de amor, o la pócima de amor que se le hace beber de una copa llena, y el héroe del cuento que sigue su sueño y alcanza la felicidad: todo ello se reúne en el concepto abstracto del buta. Así pues, el don del buta tiene un carácter general y abstracto. Es precisamente esta abstracción la que ha hecho del buta un portador de la identidad nacional. Puesto que el buta se da y se recibe en sueños, el sueño y el buta forman un todo único. Kamil Valiyev señaló la gran importancia que los túrquicos daban a los sueños, y llamó al sueño y a su interpretación signo del mundo oculto que se desarrolla en las profundidades del espíritu humano y primer mito de la humanidad.
La estructura y el fundamento de los dastanes de amor azerbaiyanos se construyen también sobre el buta. El desarrollo complejo de los acontecimientos que se despliegan sobre esta base, y su propósito, solo se aclaran al final. El camino del amor que empieza con el buta pasa por penurias y sufrimientos. A primera vista, recibir el buta o que a uno se lo den parece algo sencillo y corriente.